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Donde aún abunda el hielo, también abundan estos pingüinos

Los pingüinos de Adelia la han pasado mal en el extremo occidental de la península antártica, donde el calentamiento relacionado con el cambio climático ha sido más rápido que en casi cualquier otro lugar del planeta. Este y otros factores han provocado en las últimas décadas una reducción marcada en las poblaciones del pingüino de Adelia.

En el extremo oriental, sin embargo, la situación es distinta.

“El lado occidental de la península es un completo desastre”, dijo Heather Lynch, ecóloga estadística de la Universidad de Stony Brook que estudia las poblaciones de pingüinos y la manera en que están cambiando. “Pero en el lado oriental, las poblaciones son estables y bastante saludables”.

Lynch utiliza imágenes satelitales en gran parte de su trabajo, pero también organiza expediciones a la península, la parte más septentrional del Antártico, para estudiar a los pingüinos. En la expedición más reciente, realizada en enero, tres de sus actuales estudiantes de doctorado, junto con otros antiguos, hicieron el conteo de ejemplares en las islas del extremo oriental de la península, en el mar de Weddell.

Su trabajo demostró que las poblaciones de los pingüinos de Adelia han cambiado poco desde los conteos de las últimas dos décadas. Esto sugiere que, a medida que el calentamiento global continúa y las poblaciones de esta especie de pingüinos disminuyen en otras partes del continente, el mar de Weddell puede seguir siendo un refugio para estas aves.

“Es una constatación agradable de que en los lugares donde el clima no ha cambiado de manera tan drástica, las poblaciones de pingüinos tampoco lo han hecho”, comentó Lynch.

El mar de Weddell es particularmente gélido, debido a una corriente giratoria (o remolino) que mantiene gran parte de la capa de hielo dentro del mar durante años. El hielo dificulta la navegación de la mayoría de los barcos. (El mar de Weddell es el lugar donde la embarcación Endurance del explorador Ernest Shackleton fue destrozada por el hielo hace un siglo. Los restos del naufragio se encontraron el mes pasado).

A lo largo de los años, los alumnos de Lynch han podido estudiar a los pingüinos a bordo de los cruceros, que pueden tripular a cambio de dar conferencias y ayudar de otras maneras. En la península Antártica, esas embarcaciones suelen quedarse en el lado occidental y la normativa limita las visitas a tierra a un conjunto específico de colonias.

El viaje de enero se hizo en un barco de Greenpeace que navegó alrededor de la punta de la península hasta el noroeste del mar de Weddell. “Es un lugar al que queríamos llegar”, dijo Lynch. “Muchas de estas colonias no se habían visitado en mucho tiempo, o nunca”.

Los tres investigadores, Michael Wethington, Clare Flynn y Alex Borowicz, usaron drones y conteo manual para determinar el número de polluelos en las colonias de Joinville, Vortex, Devil y otras islas.

El recuento manual toma tiempo, según explicó Flynn, estudiante de doctorado de primer año en Stony Brook. Quienes hacen el conteo identifican un área específica dentro de una colonia (quizá un grupo de nidos o un área delimitada por los caminos de las aves) y cuentan tres veces a todos los polluelos para garantizar la precisión. En Penguin Point, una colonia en crecimiento de la isla Seymour que alberga 21.500 crías de pingüino, el recuento duró dos días. (Por lo general, los pingüinos de Adelia tienen dos crías por pareja reproductora cada año).

“Resulta tedioso contarlos tres veces”, dijo Flynn. “Pero es un lugar increíble y un trabajo asombroso”. Además, dijo, las crías a veces pueden ser divertidas, como cuando un polluelo hambriento persigue a uno de sus padres exigiendo comida.

Los pingüinos de Adelia son una de las especies de pingüinos más numerosas de la Antártida, pues se calcula que hay 3,8 millones de parejas en edad reproductiva en colonias repartidas por todo el continente. Utilizan su pico para recoger piedras y hacer nidos en tierra firme. Los polluelos nacen alrededor de noviembre, a finales de la primavera del hemisferio sur, y los padres buscan alimentos que regurgitan para sus crías. Los pingüinos de Adelia de la península Antártica son muy exigentes con su dieta: solo comen krill, que son crustáceos pequeños, aunque en otros lugares también comen pescado.

El krill y el hielo, o la falta de ambos, son el origen de los problemas de esta especie en el extremo occidental de la península, que se ha calentado en parte como resultado de los patrones de circulación atmosférica que tienen su origen en el calentamiento de los trópicos. El krill abunda en condiciones frías y congelantes, por lo que, a medida que el calentamiento ha provocado la disminución del hielo marino, el krill también ha dejado de ser abundante.

Esto hace que los pingüinos de Adelia no tengan el alimento que necesitan. “El hecho de que sean tan quisquillosos para comer en la península los perjudica, porque dependen mucho de la salud de la población de krill”, señaló Lynch.

Las colonias han disminuido hasta en un 90 por ciento en algunas partes del extremo occidental y los pingüinos papúa o pingüinos juanito, con sus picos de color naranja brillante, los han superado en gran medida. “Comen cualquier cosa, se reproducen en cualquier lugar”, dijo Lynch acerca de la especie papúa. “Me los imagino como las plagas urbanas de la península”.

A medida que el calentamiento global avanza, los modelos sugieren que el mar de Weddell y el mar de Ross, en la Antártida occidental, serán los últimos lugares en volverse adversos para los pingüinos de Adelia.

También se ha propuesto que el mar de Weddell sea un área marina protegida en virtud del Tratado Antártico, que protegería aún más a los pingüinos y a otros seres vivos de actividades humanas como la pesca de krill, en especial a medida que la capa de hielo disminuye por el calentamiento global y la zona se vuelve más accesible. “Como científicos queremos determinar dónde se encuentran todos los organismos importantes” para lograr ese propósito, señaló Lynch.

El hallazgo de que las poblaciones son estables “no significa que el cambio climático no esté ocurriendo en el mar de Weddell”, concluyó Lynch. “Gracias a la oceanografía, sigue siendo un lugar frío y congelante, las características específicas de los lugares que necesitan los pingüinos de Adelia para vivir”.

Henry Fountain se especializa en la ciencia del cambio climático y sus efectos. Escribe sobre ciencia para el Times desde hace más de 20 años y ha viajado al Ártico y la Antártica. @henryfountain | Facebook


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