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La de Rusia es una guerra de los combustibles fósiles

Por un lado, podría parecer indudable que la invasión de Rusia a Ucrania es una guerra posibilitada y exacerbada por el apetito insaciable del mundo por los combustibles fósiles. Es imposible que no sea así: Rusia es un petro-Estado —su economía e influencia global dependen en gran medida de sus vastas reservas de petróleo y gas natural— y Vladimir Putin es su petromonarca, uno más en una línea de personajes repugnantes con los que las democracias liberales siguen haciendo negocios porque tienen algo que les es indispensable.

La salida de este predicamento también parecería obvia y urgente. Acelerar nuestra transición a combustibles renovables baratos y abundantes nos permitiría resolver al mismo tiempo dos amenazas graves al planeta: la amenaza de los hidrocarburos, causantes del calentamiento climático y la contaminación del aire, y la de los dictadores que determinan su abastecimiento.

Sin embargo, los políticos estadounidenses de izquierda parecen totalmente incapaces de establecer esta conexión, ¿o no? En su discurso del estado de la Unión poco después de la invasión de Rusia, el presidente Joe Biden desperdició una gran oportunidad: podría haber resaltado los peligros geopolíticos de los combustibles fósiles y así revivir su plan para el cambio climático, que está estancado. En lugar de vincular la guerra con algunas referencias al cambio climático —que ha descrito en otras ocasiones como una “amenaza existencial” para el planeta— prefirió sepultar el tema. Como está preocupado por los efectos que las suspensiones podrían tener en el abasto de combustibles, el precio de la gasolina y la inflación en general, también anunció, junto con otras 30 naciones, que se pondrán en circulación 60 millones de barriles de petróleo.

Entre tanto, los críticos de derecha no perdieron la oportunidad de oro que les presentó la idea de que la invasión de Rusia por algún motivo hace hincapié en lo absurdo de ocuparnos del cambio climático. La junta editorial de The Wall Street Journal señaló que “la obsesión del gobierno de Biden con el clima” es culpable de haber hecho a “Estados Unidos y Europa vulnerables a la extorsión energética de Putin” y escribió que “el grupo de presión del clima ha hecho más poderoso a Putin”.

Siento como si estuviera de cabeza. Si “el grupo de presión del clima” de verdad tuviera tal poder, quizá ya habría evitado desde hace tiempo que Europa construyera su sociedad con base en un acuerdo diabólico por la energía rusa. Por otra parte, con todo y su “obsesión con el clima”, los demócratas del Senado estadounidense no han conseguido que se apruebe una ley para regular las emisiones causantes del calentamiento climático. Más bien, un senador partidario del carbón ha obstaculizado su proyecto de ley, y ahora el problema del cambio climático ha quedado relegado por el tema de la guerra. Algunos demócratas parecen haberse olvidado por completo del planeta: Gavin Newsom, el gobernador de California, quiere entregarles a todos los propietarios de automóviles de su estado hasta 800 dólares en reembolsos para compensar el elevado precio de la gasolina. Este momento podría habernos dado claridad moral sobre los peligros de los combustibles fósiles, pero, hasta ahora, los demócratas han titubeado en dar ese mensaje.

“Este relato no se ha difundido: que esta guerra es el motivo por el que necesitamos dejar de depender de los combustibles fósiles”, dijo Leah Stokes, politóloga de la Universidad de California, Santa Barbara, experta en política ambiental. “Más grupos tienen que atar cabos y argumentar que la verdadera independencia energética se conseguirá cuando tomemos la energía de la luz solar, porque la luz solar es gratuita y abundante y ningún dictador puede controlarla”.

Stokes subraya que es muy probable que la gente se identifique con ese mensaje. Un estudio que realizó con otra autora, publicado en línea en 2017, examina los factores políticos que llevaron a la emisión de políticas de energías limpias. “Descubrimos que, en la gran mayoría de los casos, estas políticas se aprobaron durante crisis energéticas”, me explicó. Justo cuando la energía es cara o difícil de obtener, los estadounidenses reaccionan y comprenden que deben buscar una nueva alternativa.

La buena noticia es que los demócratas tienen esa nueva alternativa lista. Build Back Better, la política social y ambiental de amplio alcance que no superó el Senado el año pasado, incluye una letanía de ideas excelentes para abordar la crisis actual. Ese esfuerzo no ha perecido por completo; los demócratas todavía se encuentran en negociaciones con Joe Manchin, el senador por Virginia Occidental que tiene parado el proyecto de ley, y todavía podrían unir fuerzas para aprobar algunas partes.

Pero lo que me tiene desconcertado es por qué Biden y los demócratas no han defendido agresivamente sus propuestas en el nuevo contexto de la guerra ni han hecho énfasis en que la política climática no es ajena a la política exterior, por lo que liberarnos de los combustibles de otras personas es la mejor solución a largo plazo para los precios energéticos tan altos.

Hablé con varios defensores de la política climática que se lamentaron por la aparente renuencia de la Casa Blanca a comunicar con fuerza este mensaje. Rhiana Gunn-Wright, directora de Política Climática en el Instituto Roosevelt, me dijo que “la forma en que los combustibles fósiles hacen que los precios energéticos sean mucho más volátiles y nos dejan a merced de potencias y líderes que pueden actuar de manera peligrosa e injusta” nunca había sido tan obvia. “No había visto que fuera tan evidente en toda mi vida”, afirmó.

Pero lo que me hizo entender la relación, en lo personal, fue una entrevista con Svitlana Krakovska, científica del clima ucraniana y parte del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas.

Krakovska le dijo hace poco a The Guardian que cuando las bombas rusas comenzaron a caer sobre Ucrania, reflexionó sobre la naturaleza interconectada de su área de estudio y los peligros que enfrenta su país.

Voy a dejar que ella cierre este artículo: “Empecé a pensar sobre los paralelos entre el cambio climático y esta guerra, y me quedó claro que la raíz de estas dos amenazas a la humanidad se encuentra en los combustibles fósiles”, dijo Krakovska en la entrevista. “La quema de petróleo, gas y carbón causa el calentamiento y otros impactos a los que necesitamos adaptarnos. Rusia, por su parte, vende estos recursos y utiliza el dinero para adquirir armas. Otros países dependen de esos combustibles fósiles y no se liberan de ellos. Estamos en una guerra por los combustibles fósiles. Es evidente que no podemos seguir viviendo así, pues terminaremos por destruir nuestra civilización”.

Farhad Manjoo es columnista de Opinión del Times desde 2018. Antes de eso, escribía la columna State of the Art. Es autor de True Enough: Learning to Live in a Post-Fact Society. @fmanjoo | Facebook

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