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‘El progreso es decepcionante’: la cumbre de Glasgow avanza en medio de críticas y promesas ambiciosas

Hace una década, las naciones más ricas del mundo prometieron destinar 100.000 millones de dólares anuales para 2020 con el fin de ayudar a los países más pobres a hacer la transición hacia energías más limpias y protegerse contra las crecientes amenazas de olas de calor, inundaciones, sequías e incendios forestales vinculadas al calentamiento del planeta.

Hasta el momento, esas promesas no se han cumplido. Según una estimación, los países ricos todavía deben decenas de miles de millones de dólares al año. Los críticos han dicho que incluso el dinero que sí se ha invertido ha sido mal gestionado. Una gran parte de la ayuda hasta la fecha se ha entregado en forma de préstamos, y los países en desarrollo suelen tener problemas para pagarlos. Además, solo una muy pequeña parte del financiamiento se ha destinado a las iniciativas para adaptarse al cambio climático.

A medida que aumentan las amenazas por el clima extremo, los países vulnerables afirman que sus necesidades financieras son cada vez mayores.

Sonam P. Wangdi, quien lidera un bloque de 47 naciones conocido como los países menos adelantados (PMA), señaló que su país de origen, Bután, tiene muy poca responsabilidad por el calentamiento global, ya que la nación absorbe en la actualidad más dióxido de carbono con sus vastos bosques del que emite con sus autos y casas. Sin embargo, Bután enfrenta riesgos graves por el aumento de las temperaturas, como el derretimiento de los glaciares en el Himalaya que ya está generando inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra que han devastado las aldeas.

“Somos de los que menos han contribuido a este problema, y sin embargo lo sufrimos de manera desproporcionada”, dijo Wangdi. “Debe haber un apoyo cada vez mayor para adaptarse a los impactos”.

Al mismo tiempo, los países vulnerables están proponiendo un mecanismo de financiación independiente para que se les compense por los desastres a los que no pueden adaptarse, por lo general denominados “pérdidas y daños”. Pero los países más ricos se oponen a esa propuesta, pues temen que pueda conducir a futuras reclamaciones de indemnización.

“Hasta el momento, el progreso es decepcionante y, en cierto modo, aterrador”, reconoció Wangdi. “Nuestras vidas dependen de las decisiones que se tomen aquí en Glasgow”.

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