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¿Qué ha pasado en la cumbre climática de la ONU?

GLASGOW — Los presidentes y primeros ministros ya se marcharon de la ciudad. Ahora está en marcha el trabajo arduo: en la próxima semana los diplomáticos se reunirán en un complejo de tiendas de campaña aquí en Glasgow, durante las conversaciones climáticas de la ONU, con el fin de llegar a acuerdos para reducir las emisiones que calientan el planeta.

Más países que nunca se están comprometiendo a reducir las emisiones, alejarse del carbón, eliminar la deforestación y entregar dinero para ayudar a que los países pobres se adapten. Pero los grupos ambientalistas y las naciones pobres no son tan optimistas. Ya han visto esas promesas en el pasado.

Aquí hay cinco conclusiones de los primeros, y frenéticos, días de la conferencia climática:

Más de 39.000 personas están registradas para la cumbre. Uno de los problemas de las primeras jornadas es que el aforo del escenario principal de la cumbre está limitado a 10.000 personas por las restricciones de la COVID-19.

Eso ha provocado cuellos de botella, largas filas de seguridad y frustración, especialmente entre los grupos de la sociedad civil que ya estaban enojados porque la ONU había limitado su presencia dentro de las salas de negociación.

A todos los que ingresan al lugar, conocido como la “zona azul”, se les pide que se hagan una prueba rápida de coronavirus a diario. Pero, a pesar de todas las charlas sobre controles estrictos, los participantes simplemente informan sus resultados. Es básicamente un sistema de honor.

Durante casi cuatro años, Estados Unidos trabajó para socavar el progreso de las conversaciones sobre el clima. El expresidente Donald Trump retiró al país del acuerdo climático de París y prometió quemar más gas, petróleo y carbón, no menos.

El presidente Joe Biden llegó a Glasgow y cambió el guión. Prometió que le demostraría al mundo que Estados Unidos está “liderando con el poder de nuestro ejemplo”.

Cuando se le preguntó sobre los líderes de otros países, en particular los de China y Rusia, que no asistieron, Biden dijo: “Nosotros asistimos”.

Llamaron la atención las ausencias de los presidentes Xi Jinping, de China, Vladimir Putin, de Rusia, y Jair Bolsonaro, de Brasil.

El primer ministro de Australia, Scott Morrison, participó pero con un objetivo de emisiones que, según los expertos, está muy por debajo de lo que se necesita. Brasil se comprometió a poner fin a la deforestación para 2028. Los activistas se muestran escépticos ante la posibilidad de que Bolsonaro logre esa meta.

Tanto Rusia como China tienen objetivos que, según los expertos, no son suficientes para mantener al planeta en una trayectoria relativamente segura. Al salir de Glasgow, Biden reprendió a Xi y Putin por no asistir. Los funcionarios de Pekín respondieron y señalaron que Biden no pudo persuadir a su propio partido para que votara por la legislación climática necesaria para cumplir con los ambiciosos objetivos de Estados Unidos.

Las peleas no resolverán la crisis climática. Y no está claro si los dos mayores emisores, China y Estados Unidos, lograrán superar las tensiones en temas como el comercio y los derechos humanos para poder colaborar en las metas medioambientales.

Los bancos y otros prestamistas dijeron que han destinado 130 billones de dólares para financiar proyectos que ayuden a que las empresas y los países alcancen cero emisiones netas. El número, que supera más de cinco veces el tamaño de la economía estadounidense, acaparó los titulares.

Los ambientalistas rápidamente criticaron ese anuncio argumentando que se proporcionaron escasos detalles y que los bancos todavía invierten cientos de miles de millones de dólares en combustibles fósiles cada año.

Polonia, Vietnam, Egipto, Chile y Marruecos se encuentran entre los 18 países que el jueves se comprometieron a eliminar gradualmente la producción de carbón y dejar de construir nuevas plantas. Los anfitriones británicos de la conferencia de la ONU quieren dejar su huella asegurándose de que el fin del carbón “esté a la vista”.

Sin embargo, el tema es profundamente polémico. Al comienzo de la cumbre, el primer ministro de Fiji, Frank Bainimarama, le dijo a Morrison, de Australia, que “el carbón no tiene cabida en este siglo”. Morrison ha dicho claramente que no discutirá los mandatos o prohibiciones de los combustibles fósiles.

Se espera que en los próximos días, Australia —así como China, India y Rusia— se opongan a cualquier disposición que formalice una eliminación gradual del carbón en las decisiones finales de la cumbre.

Lisa Friedman informa sobre la política federal ambiental y climática de Washington. Ha publicado una serie de reportajes sobre los esfuerzos de la administración Trump para derogar las regulaciones del cambio climático y limitar el uso de la ciencia en la formulación de políticas. @LFFriedman


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